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Consenso
Nacional de Dermatitis Atópica en la Infancia.
Coordinación
General: Dra.
Zulema Picone
Secretarias: Dra. Margarita Larralde de Luna
- Dra. María F. Maccario - Dra. María
Rosa Papale.
Participantes: María del Carmen Boente
- Marta B. Caro - Gabriela Cella - Inés Daniel
- Margarita Giardelli - Jorge Máspero - Nélida
P. de Parra - M.E. Pedroza de Cánepa - Alicia
Rositto - Rebeca Rubinson - Andrea Santos Muñoz
- Elena Torrejon - Nélida Valdata - Pedro
Zubillaga. |
La dermatitis atópica
(DA) es una enfermedad inflamatoria crónica de
la piel que evoluciona por brotes, identificada desde
el comienzo de este siglo.
Es una manifestación cutánea de un síndrome
genético conocido como atopía, integrado
además por la rinitis alérgica, el asma
extrínsenco, la conjuntivitis alérgica
y algunos tipos de alergia alimentaria.
La DA es un trastorno frecuente y de distribución
mundial, no habiendo estudios concluyentes en nuestro
país; se aceptan los datos internacionales que
hablan de un 10 a un 15% de niños afectados de
DA. De éstos, en el 50% se desarrolla antes del
primer año de vida y en el 87% antes de los 5
años.
Un alto porcentaje de estos pacientes mejora al llegar
a la pubertad.
El carácter crónico y la falta de terapéutica
satisfactoria afectan en gran medida la calidad de vida
de los pacientes y su grupo familiar.
Clinica de la
DA
La DA
se manifiesta usualmente durante la lactancia siendo
rara la aparición de esta entidad ante de los
tres meses de vida.
La marca distintiva de la DA es la sequedad de la piel
(xerosis) y el prurito, muy relacionado con la xerosis.
Los signos clínicos son el eritema, formación
de papulovesículas, con cambios secundarios como
erosiones, alteraciones pigmentarias y aumento del cuadriculado
normal de la piel (liquenificación).
Las lesiones típicas de la DA son placas eritematosas,
con costras que aparecen sobre vesículas o pápulas.
En algunos pacientes se observa una queratosis folicular
que compromete predominantemente tronco.
La liquenificación, aumento del tramado normal
de la piel con hiperpigmentación, es producto
del rascado continuo y suele verse en niños mayores,
adolescentes y adultos. Las alteraciones pigmentarias
posinflamatorias son más evidentes en individuos
de piel oscura. Existen variaciones en la presentación
de la DA según la edad de los pacientes, y se
la divide arbitrariamente en tres fases: 1) la fase
del lactante se extiende aproximadamente hasta los tres
años de vida y se caracteriza por placas eritematovesiculocostrosas
que suelen aparecer luego del tercer mes, localizadas
en la cara y a veces en la zona del pañal y superficie
de extensión de miembros. Las lesiones son más
exudativas y costrosas que en los niños mayores.
2) La fase infantil de la DA se caracteriza por la aparición
de pápulas y vesículas que se agminan
formando placas en las zonas de flexión y pliegues
(cuello, orejas, codos, rodillas, etc). Igual que en
la etapa del lactante, las lesiones son muy pruriginosas
y en consecuencia se observan numerosas excoriaciones
y liquenificación. 3) En los adolescentes las
lesiones se localizan en el dorso de las manos, párpados
superiores y zonas de flexión. Puede verse dermatitis
aislada de las manos.
Debido al carácter crónico de la DA pueden
coexistir en el mismo momento lesiones de eccema agudo
con lesiones liquenificadas o xerosis.
Es frecuente la sobreinfección secundaria por
Staphylococcus aureus.
Hanifin estableció en 1991 los criterios de evaluación
para su correcto diagnóstico dividiéndolos
en:
Criterios mayores:
(tres de ellos necesarios)
- Prurito
(requisito básico).
- Distribución característica.
- Antecedentes personales o historia familiar de atopía.
- Curso crónico con exacerbaciones y remisiones.
Criterios menores:
(tres necesarios)
- Xerosis
generalizada.
- Ictiosis con hiperlinearidad palmar.
- Queratosis folicular.
- Pliegue infraorbitario de Dennie Morgan.
- Oscurecimiento palpebral.
- Blefaritis escamosa.
- Queilitis de labio superior.
- Pitiriasis alba.
- Eccema del pezón.
- Dermatitis de manos y pies.
- IgE elevada.
- Susceptibilidad a infecciones cutáneas (en
especial S.aureus y Herpes simplex).
En 1993 la European Task Force on Atopic Dermatitis
desarrolló el índice Scorad para el diagnóstico
y seguimiento de la dermatitis atópica.
Este índice mide la extensión de la superficie
corporal afectada, la intensidad de los signos clínicos,
y los síntomas subjetivos como prurito y pérdida
del sueño. Todos estos datos se miden en una
escala de 0 a 3 correspondiendo a la intensidad del
cuadro.
En 1994, en el Journal of the American Academy of Dermatology,
Rothe y Grant-Keb propusieron otra guía diagnóstica:
piel pruriginosa como condición elemental y tres
criterios de los siguientes:
- Historia de dermatitis flexural (o de mejillas en
menores de 10 años)
- Historia personal de asma o rinitis (o atopía
de los padres en menores de 4 años)
- Historia de xerosis generalizada (piel seca) en el
último año y, si el niño es mayor
de cuatro años, el haber comenzado antes de los
dos años de edad.
Etiologia y patogenia
Numerosos
estudios avalan la base genética de la DA; cuando
ambos padres tienen signos de atopía, el riesgo
del niño de desarrollar enfermedad atópica
es de alrededor del 70%, cuando sólo un padre
es atópico el riesgo es del 30%. Curiosamente
la atopía materna provee una posibilidad mayor
de transmisión.
Estudios en gemelos demuestran que los homocigóticos
tienen mayor concordancia de enfermedad (0,72) que los
dicigóticos (0,23).
Entre los últimos hallazgos relacionados con
la DA se encontraron múltiples defectos genéticos;
uno de éstos sería una alteración
en el gen del receptor b2 adrenérgico, lo que
originaría un receptor de baja afinidad para
las catecolaminas. Este gen se localiza en el cromosoma
5 (5q31).
Otro gen relacionado con la DA se localiza en el gen
11q13 y es el que codifica la subunidad b del receptor
para IgE de alta afinidad.
Por último, otra alteración genéticamente
determinada en los pacientes con DA es el aumento de
la fosfodiesterasa del AMP cíclico en los leucocitos,
lo que promueve un aumento del AMPc en éstos
originando distintas acciones dentro de los mecanismos
de hipersensibilidad.
Por todo lo referido se concluye que habría más
de un gen relacionado con la DA que, al combinarse con
determinados factores ambientales, originaría
el fenotipo atópico. Entre los factores desencadenantes
de la DA se incluyen contactantes, aeroalergenos, alimentos,
microorganismos (S. aureus, Pitirosporum ovale, Candida),
infecciones del tracto respiratorio superior, factores
emocionales, factores climáticos y disminución
de la lactancia materna.
Los pacientes con DA también tienen alteraciones
bioquímicas que provocan una tendencia a irritarse
fácilmente y a la xerosis. Esto se origina por
un aumento de la pérdida transepidérmica
de agua y por una alteración de la función
de barrera de la piel. La misma se relaciona con una
alteración del metabolismo de los ácidos
grasos, lo cual provoca una disminución de metabolitos
del ácido linoleico y linolénico que tienen
un rol preponderante en la normal estructura de la piel
y en su función como barrera.
Entre las alteraciones inmunológicas se refiere
que un 70-80% de pacientes con DA tendrían valores
altos de IgE y, además, habría una población
de células presentadoras de antígenos
(CPA) hiperactivas, lo que se explica por la presencia
de receptores de alta afinidad para IgE y de linfocitos
T hiperactivos.
El inicio de la DA resultaría de un interjuego
entre la expresión del receptor de alta afinidad
para IgE, el nivel sérico de esta IgE específica
para determinados alergenos, el número de linfocitos
T(LT) y la exposición al antígeno.
Relacionando todos los conceptos enunciados anteriormente
de la DA, hallamos que existe un aumento genéticamente
predispuesto de FDE, que es una enzima que desdobla
el AMPc dentro de los monocitos de los pacientes atópicos
(el cual fue demostrado aun en sangre de cordón
de recién nacidos con predisposición alérgica).
Este aumento de FDE produce una alteración de
la respuesta inflamatoria y de la inmunidad celular,
con hiperactividad tanto a nivel de la piel como respiratoria
y aumento de la producción de diferentes factores
por parte de los monocitos. Entre éstos se encuentra
un aumento de prostaglandina E2, que inhibe la producción
de IFNg por los LT y un aumento de IL10 que estimula
la respuesta celular de tipo TH2 (con citoquinas predominantes
como IL4, IL5, IL10).
La IL4 estimula la síntesis de IgE específica
por los linfocitos B y el desarrollo de TH2.
La IL5 activa mastocitos y eosinófilos.
Todos estos fenómenos se producen en la fase
aguda de la DA.
En la fase crónica de la DA se produciría
una alteración en la respuesta inmune de las
células T, las cuales cambiarían de una
respuesta TH2 a una respuesta TH1, lo cual implica un
aumento de síntesis de IFNg. Este disminuye la
respuesta TH2 y la actividad de los eosinófilos.
Este cambio de respuesta TH2 a TH1 se debería
a un aumento de ARNm para IL12 que estimula diferenciación
de los LT CD4 en el subgrupo TH1.
Tratamiento de
la DA
La DA
es una enfermedad crónica que afecta no sólo
a los pacientes sino también a sus familiares,
ya que altera sus horas de sueño, su vida de
relación a causa del rascado y el llanto. Los
familiares deben estar prevenidos tanto de la naturaleza
crónica de esta entidad como de los posibles
efectos adversos de los diferentes tratamientos. El
objetivo del profesional debe ser la educación
del grupo familiar y proveer un adecuado estándar
de vida a los pacientes asegurándoles control
del prurito, mejorar el descanso, hidratar la piel y
evitar la infección.
Las decisiones terapéuticas dependerán
del estadio de la DA, de la superficie corporal comprometida,
el disconfort del paciente, de la presencia de infección
secundaria y de la habilidad de los padres.
Clasificaremos a la DA arbitrariamente en un estadio
crónico y uno agudo.
La DA crónica se caracteriza por zonas de la
piel muy seca, liquenificada, eritematosa, con pápulas,
escamas y excoriaciones debido al prurito.
La DA aguda puede ser la forma de iniciación
del cuadro o bien aparecer durante la evolución
de la DA crónica. Esta puede estar sobreinfectada
o no. La DA aguda se caracteriza por intenso prurito,
excoriaciones, pápulas y eritema; si secundariamente
se infecta se observan vesículas y costras.
Medidas generales
- Baño
diario, corto, con lubricación inmediata de la
piel (posterior a un secado rápido).
- Uso de emolientes sin perfume (vaselina, glicerina).
- Ropa de algodón absorbente y amplia.
- Evitar los agentes irritantes (jabón, cosméticos,
talcos, polvos, detergentes, prendas de material sintético).
- Evitar la sudoración.
- Medidas de control ambiental para aeroalergenos (no
se recomiendan los acaricidas).
Tratamiento del brote
agudo
- DA aguda sin infección
secundaria
- Compresas húmedas antisépticas (agua
blanca del Codex diluida al medio, agua de Alibour
diluida al tercio, agua ictiolada al 2%) tres o cuatro
veces al día.
- Corticoesteroides locales no fluorados: hidrocortisona
(tres veces al día), mometasona, prednicarbato,
fluticasona, desonide (una vez al día), considerando
la edad, la extensión y la localización
del área afectada.
Utilizarlos de la siguiente forma:
- No oclusivos.
- No más del 25% de la superficie corporal
total.
- No más de dos semanas de duración
del tratamiento.
- Uso selectivo en cara, axilas y sitios de flexión.
- No se deben indicar corticoides por vía sistémica
para la DA.
- Antihistamínicos orales de primera generación
por su carácter sedativo:
- hidroxicina: 2 mg/kg/d en tres o cuatro dosis.
- carbinoxamina 0,2 mg/kg/d tres o cuatro dosis.
- difenhidramina 5 mg/kg/d en tres o cuatro dosis.
- Se deben evitar las dietas restrictivas salvo raras
excepciones en las que se compruebe relación
directa del brote atópico con la ingestión
de determinados alimentos.
- Da aguda con infección
secundaria
Se debe pensar en infección secundaria siempre
que un paciente con DA empeore su cuadro bruscamente,
pudiendo aparecer vesículas, costras o pústulas
y exudado.
Si la infección es severa, con signos sistémicos
como fiebre o linfadenopatías, muy extensa
o el paciente está inmunocomprometido, se deben
indicar antibióticos sistémicos por
vía oral, siendo de primera elección
las cefalosporinas de primera generación en
dosis de 50 a 100 mg/kg/día en cuatro tomas
diarias.
Si la infección es localizada y sin sintomatología
general en un niño inmunocompetente se pueden
indicar antibióticos tópicos como la
mupirocina o el ácido fusídico tres
veces al día.
Cuando los pacientes con DA requieren uso reiterativo
de corticoides locales porque los brotes se hacen
frecuentes o la enfermedad persiste, se aconseja la
evaluación por un dermatólogo.
Descartar también la presencia de enfermedades
sistémicas subyacentes (inmunodeficiencia,
metabolopatías).
Brindar apoyo psicológico siempre que sea necesario.
- ¿Cuándo
está indicada la evaluación por un alergólogo?
- En los niños menores de tres años
en quienes se sospeche alergia alimentaria (pacientes
que no responden a tratamiento dermatológico
o tienen manifestaciones digestivas).
- En los mayores de tres años cuando hay enfermedad
respiratoria asociada o cuando con las medidas habituales
no se logra controlar la enfermedad.
El tratamiento de la DA crónica debe ser manejado
en forma interdisciplinaria por el pediatra, el dermatólogo
y demás especialistas involucrados en el seguimiento
del mismo resorte del especialista. z
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